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El Trono: Recinto del perverso.

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El Trono: Recinto del perverso.

Mensaje por Luzbel. el Vie Mar 15, 2013 12:14 am


Toda luz creara siempre una sombra de igual o mayor dimension.
Tu que vienes aquí, abandona toda esperanza
...


El entorno oscuro, lúgubre, sofocado, silencioso pero lleno de ecos y murmuros lamentables. El ambiente frió, hostil, difícil de soportar incluso para el demonio mas atroz, capaz de congelar en un instante un aliento o el mismo fuego, pero no suficiente para helar su sulfurante superficie, su piel desnuda que en aquel sitio siempre despedía su ardiente y oscura energía como si se tratase de una evaporación cálida. En realidad no existía alma que supiera si aquel lugar estaba ahí desde el principio de los tiempos esperando su llegada o si Él mismo lo había creado para hacer soportable su dolor; todo en aquel profundo lugar eran mormuros y especulaciones acerca de Él. Para contar a aquellos seres que podrían saber la real procedencia del Príncipe y su Trono, como le llamaban, no se necesitaba mas de una mano, e inclusive esos pocos tendrían sus dudas.

Una acomulacion de materia oscura, casi negra pero de un brillo hermoso, era lo que le daba forma a aquel imponente asiento helado, era como si en algún momento alguien hubiese acomodado esta especie de oro oscuro y le hubiera fundido y moldeado con sus propias manos, en el se denotaban como las garras de una criatura desesperada, como si aquel recinto hubiese sido construido en un momento catatonico de ira y perturbio. Al rededor de aquel trono solo formaciones rocosas era lo que había, rocas que debajo de su cubierta cristalizada por el hielo dejaban ver venas, yacimientos y ríos de fuego que fluían hasta los círculos mas lejanos del infierno para torturar a todo aquel que siquiera pusiese un pie en ese sitio. Las paredes en aquella tétrica caverna rocosa lucían rasgadas por todos lados, como si una energía metafisica ahí dentro contara los milenios, los años y los días, como si contase el tiempo recordado el dolor y la llamada "traición".

Del techo del lugar se podían apreciar las formaciones de picas heladas e insinuantes que siempre apuntaban violentas hacia abajo mientras que también por todos lados de aquel recinto se encontraban enterradas doradas pero ya opacas y desgastadas lanzas, aquellas que en algún momento fueron brillantes y hermosos instrumentos divinos y que entre los murmuros, se decía, eran aquellos de Luzbel en los cielos y de todos aquellos que lo habían seguido en su batalla y por ende habían seguido un castigo igual o peor siendo enviados al infamundo.

El trono era aquel en donde solo alguien se podía sentar, en donde solo uno podía habitar.



Es por mi que se va a la ciudad doliente,
es por mi que se va al eterno tormento y
al lugar donde sufre la raza condenada.

Yo fui creado por el poder divino, la suprema sabiduría
y el primer amor.
No hubo nada que existiera antes que yo,
y yo soy eterno...


Spoiler:

OFF-ROL: En este tema, las entidades del infierno, se podran presentar ante Lucifer para buscar rol de cualquier tipo. El tema es libre para todos los demonios y recidentes de los 9 circulos infrenales, si no eres un recidente del Inframundo evita postear aqui sin permiso de Lucifer o del administrador, de lo contrario tu post sera ignorado y borrado.




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Re: El Trono: Recinto del perverso.

Mensaje por Vanidad. el Sáb Mar 16, 2013 12:15 am

Un par de perfectas hileras de dientes blancos, se entretenían pellizcando ligeramente la carne del pulgar que tanto insistía en inmiscuirse en el espacio que había entre éstas dos. Mientras, dos espejos azul zafiro reflejaban el recién empezado amanecer que, tímido, se asomaba por el helado cristal. La ansiosa rodilla, casi tan blanca como los violentos dientes que habían hecho llorar gruesas lágrimas carmesí al pulgar, acompañaba a todos estos síntomas de zozobra, moviéndose mecánicamente de arriba abajo, haciendo resonar al tacón que sostenía el delicado talón de la peli rosa aturdida.

Hacía días que había llegado a Japón desde Rusia, con el cuerpo de una joven dada por muerta en París y un esclavo de contrato eterno. Quizá las guerras, la incertidumbre humana acerca del futuro, la belleza embriagante de la peli rosa o las habilidades de hacker por parte de Alphonse, eran los ingredientes justos y necesarios para facilitar el papeleo que justificaba que la viuda Melissa Sucrè decidiera residir en Japón, cambiando su nombre pero dejando el apellido de su fallecido y acaudalado ex marido. Quizá faltó añadir que Vanidad lavó un poco el cerebro del militar que se encargó de su interrogatorio, para tergiversar a gusto la historia de su querida Iliá.

Lo realmente preocupante era: ¿Qué sucedía con Lucifer? Sin permiso alguno del rey de las tinieblas, Vanidad había comenzado a actuar esperando a que el Acusador enviase alguna muestra de vida o reprensión a su falta de reconocimiento de él como su superior; pero los días pasaban y la angustia de ser reprimida de forma bruta, aumentaba. ¿Acaso ese era otro de los juegos del padre de la mentira? Le tenía a su merced, un sólo susurro, un pequeño avistamiento y la capital habría sufrido un colapso bestial.
Nunca lo admitiría, pero ahí era como cualquiera de los Capitales, podría darse cuenta de la superioridad del hijo de la aurora para con ellos. Aun considerándose Vanidad como la primera en nacer, la que le dio la habilidad de pecar, aquella codependencia arraigada en lo más profundo de su ser, la que le dictaba ir, presentarse ante él y rendir cuentas; era la perfecta nota de fábrica que él le había dejado para marcar su dominio.

El problema era que ahora que había salido, no tenía ninguna intención de regresar al inframundo, mucho menos al temido trono del príncipe de este mundo. Mas la congoja le corroía el alma que no poseía, el delicado cuerpo humano del que tenía posesión había desarrollado pequeñas y notoriamente oscuras cuencas debajo de sus hermosos ojos, lo que enfurecía sobre manera a la vanidosa por excelencia.
Basta ya...


~

Heme aquí. ―Ante su presencia no podía llegar disfrazada. Con él, su existencia se reducía a espíritu, a la esencia de lo que era: El espantoso reflejo, al otro lado del espejo, de lo que era la belleza divina. Ahí estaban sus amorfas extremidades asemejando la figura de una serpiente, se encontraban los odiosos cuernos símbolo de su pecado de nacimiento; ahí estaba todo lo que ella de sí odiaba.

Así, desnuda, desprotegida, con las espaldas metafóricamente blandidas en el alma, fue como se presentó a su Ángel destructor; sin atreverse a cometer la imprudencia de acercarse en demasía. La andrógina voz rezumbaría cuidadosamente por el recinto, sin tener el descaro de aturdir al que le debía respeto. Sumisa, casi hecha trizas, era como mostraba la implícita devoción que le tenía.
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Re: El Trono: Recinto del perverso.

Mensaje por Luzbel. el Lun Mar 18, 2013 5:04 pm

Te has esforzado en demasía por llamar mi atención...


Resonó la respuesta de la vos dominante en el eco eterno de las profundidades. Con frialdad, sus palabras dirigía a la recién llegada, su actitud mostraba desinterés, si no se tratase de El Viejo muchos se habrían atrevido a pensar que incluso se encontraba triste, nostálgico, sin embargo aquellas eran emociones que ya ni siquiera parecía poder desarrollar, por la arrogancia y la soberbia eran facilmente devoradas. La mirada clavada en el piso mientras su codo izquierdo recargado sobre el descaso del malenco y viejo trono sostenía su barbilla, su mano derecha sobre su respectivo descansador insistía en con su uña tallar sin cesar la oscura roca de la que esta silla estaba construida... la susurrante onda que de aquella acción se producía llegaba hasta el mas profundo y misero confín, como contándole al oído al mismo infierno que Satán estaba de mal humor. El sonido era... "motivador", aquel rasgar incesante motivaba a la desesperación, la desgracia, la ira y el descontrol.

Sabiendo tus soberbios dotes, mas tiempo pensé que tardarías en visitar este sucio, pobre agujero...


Dijo él Perverso Príncipe demorando la pausa entre sus palabras como si una eternidad pasara entre ellas y convirtiendo el tiempo en un objeto relativo, desde que su primera pronunciación se había dado podían haber pasado 2 segundos, podían haber pasado mil años.

.... Mas tu arribo era inminente, tarde o temprano todos vuelven, oh! dulce aliento, carne mía.

Argumento el sombrío gobernante manteniendo la pausa y desanimo en su decadente pronunciar, dejando libre el tenue pero doloroso eco de su voz, un eco que llegaba hiriente y lastimaba en las entrañas, un eco que lastimaba incluso al viento.

El rasgar de su uña paro, un silencio inhóspito se apodera del lugar, su vista se levanta de apoco y entonces su cuello gira dejando caer su cabeza sobre su hombro izquierdo y su mirada en la misma dirección; en la oscuridad su retinas policromaticas brillaron en un fugaz reflejo deslumbrante, como dagas divinas a contraluz justo en dirección a aquella fémina que recién aparecida.


He aquí! tan triste y tan atormentada luce mi doncella cuando a de visita a su casa llega...


Elevo su vos él Demonio exaltando sus expresiones de forma dramática y entonces se puso de pie, el piso helado dejo escapar un sonido que reflejaba el contraste que había entre la temperatura fría de esta superficie y la piel sulfurante de Satán, y entonces levemente comenzó a evaporar. Un instante después aquel llamado Príncipe giro por completo la belleza de su ser y se paro de frente a la Vanidad, sonríe, muestra los blancos colmillos, entrecierra los ojos, y hace una reverencia como si de un educado caballero se tratase. Se tomo un par de segundos para contemplar la figura de aquella que le visitaba, la observó recorriéndola lentamente con su mirada desde el pulgar de su pie y subiendo por sus torneadas piernas, embriagándose con la exquisitez de su sexo, recorriendo la sensualidad de su cadera, la dulzura de sus senos, la suavidad de sus labios y la opaca luz en sus ojos y hasta alcanzar su cornamenta y el ultimo cabello que se asomaba sobre su cabeza, belleza solemne que a ella le atormentaba, belleza que el mismo Lucifer le había moldeado.

Hela aquí tan virtuosa, exitosa y feliz!


Exclamo elevando el doliente sonar de su voz aun mas, exponiendo su cinismo imprudente, sin tacto, sin escrúpulo y sin piedad. Avanzo un par de metros en dirección al pecado bajando un par de mal formados escalones al pie de su trono y entonces se detuvo para volver a sonreír ante la casi tímida figura de la poderosa Vanidad.

Veo que te ha ido bien aya arriba...
Es que acaso te has olvidado de mi?


Pregunto El Viejo sabio frunciendo el seño un tanto atemorizante y tornando el sonido de su vos en uno grave y raspante que salia desde su garganta como apretado por la ira.

... Es que acaso has olvidado que se todo de ti?...


Añadió soberbio apretando las quijadas y mostrando sus mandíbulas como un misero animal de caza que solo busca destrozar a su presa, destrozar su cuello con el poder de su mordida y beber su sangre como manjar...
Un breve silencio, sus párpados caen pesados en un parpadeo prolongado, inhala profundo y exhala lento, sus ojos vuelven a abrirse y otra tétrica sonrisa se muestra.

... Heme aquí esperando por ti...


Termino de pronunciar él Perverso volviendo a su hablar lento, relajando su expresión y disfrazando su estado mental con una sucia amabilidad en su tono de voz al mismo tiempo que extendía sus brazos, ambos, a sus costados y al frente en dirección a la exquisita femenina como exigiendo una explicación.




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Re: El Trono: Recinto del perverso.

Mensaje por Vanidad. el Mar Mar 26, 2013 12:53 am

El ruido seco y desesperante del padre que heredaba sus tics nerviosos a sus abominables hijos; conseguía afligir aún más a la hija que de rodillas y arrepentida se había presentado ante él, sino en busca de piedad (idiota habría sido), sí con la mínima esperanza de encontrar una indiferencia a su existencia más disimulada.

Jamás se apartaría de ella el gesto inmutado, repleto de la natural soberbia de la mayor de los orgullosos. Y aquella pose erguida, de reto a su creador, era lo único que tenía como muralla, para evitar su destrucción. Después de todo, Él es el único ser sobre la faz de la tierra que se había llenado a tal punto de ella que, su presencia no le producía la más mínima admiración. Bastaba para saberlo con observar el ir y venir de sus pensamientos, seguramente perdidos en el más profundo y oscuro mar de nimiedad; tan diferente a los humanos que con una sola mirada o palabra (¡ni decir sonrisa!), derretidos cavan ellos mismos su fosa en el infierno.

Su mirada se mantendría fija y atenta al ir y venir de la uña del Pérfido, en su intento de suicidio al ir dejando pedazos de sí misma en la roca que a su amo sostenía. Las múltiples heridas producidas por sus palabras, de su simple voz, le habían desarrollado una especie de callo que le impedía caer de rodillas al suelo que no se había dignado a tocar por ni un solo momento, pues sólo el absoluto dueño y señor del infierno podía soportar tal calamidad. Mas su mirada, aquella legendaria espada, laceró las heridas que creyó por momentos adormecidas. Y el rayo que detuvo el acicalado del trono de él, aquel último estrepitoso rasguño desgarró la exigua confianza que tenía acerca de su seguridad personal; pues por ni un solo momento había olvidado ante quien se había presentado.

Cruel, ruin y despiadada era su sola existencia, la forma en que de ella se burlaba y la lascivia con que la miraba. Ella conocía muy bien lo que podía esperar de él, pero ello no reducía el dolor de saberse tan brutalmente sobajada a un pedazo de carne; ¿no se olvidaba de quien era el creador de quién? Sin la soberbia de su existencia, él seguiría siendo un taimado ángel al que jamás le pasaría por la cabeza fluctuar la voluntad de Dios.

Su expresión, bestial, es casi grotesca. No pudo evitar dejar escapar un gesto de repudio, volteando la cara, negándose a mirar la monstruosidad del mandamás de abajo. Odiaba con todo su corazón no poder ser uno de ésos hermosos ángeles, servidores de un Amo tierno y bondadoso, poseedores por naturaleza de una imagen bella y agradable. Luzbel sin en cambio, asqueaba a su propio rebaño.

Sí, no había que olvidar que ella tan sólo era parte del rebaño. ¿Podría imaginarse ella, pastora de su propio rebaño? Oh sí, ¡vaya que sí! Eran sus sueños desde la primera vez en que había asomado la nariz fuera del inframundo, los espíritus débiles de los humanos le eran sumamente deliciosos y por sobre todo, codiciados. Cuántos milenos había ido y venido en busca de la inspiración, de la inteligencia y la suficiente persuasión para comenzar a actuar a lado de Satán y convertir a aquellos potenciales seres eternos en esclavos sin regreso; el triunfo de la paciencia se convertiría en un fino aderezo que coronaría el futuro de la vanidosa. Por supuesto que ella no se conformaría con vulgares dioses de barro que escondido llevaban su nombre, ¡no! Por ello se encontraba ahí, con el alma desolada, sin interrumpir el eterno discurso del que la llevaría a los lugares altos.

―Mi Señor, ¿acaso no soy yo la que ha estado esperando una mínima atención suya? ―La voz le raspaba la garganta, dándole un tono solemne y seductor; propia de las hermanas Vanidad y Lujuria. En todo momento había mantenido la mirada clavada a sus pies, en un ambiguo gesto de repulsión y respeto.

―Mucho esperé por tu llamado, el invierno hubo pasado y seguí esperando. ―Como acompañamiento a sus palabras, bajó aún más la mirada cayendo en el suelo donde levitaban sus pies, quebrantando ligeramente su voz y afligiendo todo su ser.
―Entonces fue que supuse que conmigo enojado el rey de los infiernos estaba. ―Levantó el rostro lenta, casi majestuosa pero también lastimeramente; con la misma mirada como la de aquel secuestrado que cree que su ejecutor le tendrá piedad si ruega a sus escrúpulos.
―¿Qué hice para merecer tanta desdicha? He venido para lanzarme al lago de fuego si es justo y necesario para conseguir tu gracia.― El lamento que salía de su boca y la sonrisa que se dibujaba en sus dientes, bañaba al infierno de un cinismo espectacular. Prontamente la sonrisa se fue ampliando a tal punto que se convertía en una ligera carcajada.

Una mano blanca recorría el brazo derecho de Vanidad, piel tan aparentemente delicada pero tan gruesa como la coraza de un cocodrilo. Aquella zurda, subió lentamente hacia su hombro y recorrió todo su cuello y pecho hasta llegar a su cintura, sus caderas y luego se arrojó hacia el abismo, terminando colgada por la extremidad izquierda de la fiera.
~
―¿Me extrañaste?
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Re: El Trono: Recinto del perverso.

Mensaje por Luzbel. el Lun Abr 08, 2013 10:25 pm

JaajaJajjaJa..Jah...
.


Acompaño El Príncipe a la Doncella en su carcajada, soltando su grave y perversa, escandalosa risa, El amo de lo divinamente prohibido se mofo de modo grotescamente ruidoso, aquello exclamado por la vana y superficial dama le producía un sincero y descontrolado placer, ver las paradojas de la existencia le resultaba cómico en sobremanera, La vanidad siempre esperaría que todos observaban hacia ella, hablaran, escucharan, probaran, deleitaran y vivieran para ella, esa era su naturaleza y único instinto, sin embargo, a veces ni ella misma se daba cuenta, ni la misma dama de la estética obsesión sobrepasaba la vanidad de aquel, El mas hermoso.

Oh pura, desafortunada criatura! tu mas grande don es
tu infortunio y tu desventura...


Exclamo sinico en respuesta El Demonio relajando su tono de vos y mostrándose de forma compasiva ante aquella soberbia presencia femenina que enlazaba su ego por encima de todos los cielos, ella no podía controlar su instinto, pues ella no había sido dotada con virtud, en ella solo había sido depositado el infortunio, El lo sabia, él, que aunque vano, grotesco pecador, tenia la sabiduría de una eternidad vivida..

Los brazos del Tenebroso, que antes estaban abiertos, se cerraron de a poco empalmando ambas manos al frente suyo mientras que su opaca mirada, que había perdido el brillo divino, se fijó en el rostro perverso de la fémina... Al tiempo que hacia esto, de un segundo a otro el espacio que existía entre aquellos dos entes malignos se esfumo, igual que se había esfumado el espacio entre las manos de El, tan rápido como lo hace el diente de león al mínimo contacto con el fuego, puesto que allá en las profundidades, Lucifer era el fuego, todo lo demás tan solo dientes de león...


... Hubiese sido perfecto no es así?... hubiese sido un deleite para tus sentidos,
hubiese sido el éxtasis de tu ser el que yo, en mi exquisita existencia, dirigiera
toda mi atención hacia tu figura...

Le dijo casi susurrante El príncipe caído plantado apenas unos centímetros frente a ella, Vanidad que sonreía. El cuerpo del Oscuro casi podía rosarla, sentir las vibraciones de su cuerpo... el vapor, esencia oscura, metafísica que se desprendía de su ser envuelve a la femenina como si de un minino que ronronea entre sus piernas se tratase, se impregna del perfume de su cuerpo, del calor de su sexo, del poder de su vanidad... Su cabeza se ladea un poco, por un instante la contempla, apenas un segundo de quietud y entonces El también sonríe.

Verdadera mente estaba gustoso de verla en aquella "morada", la visita le sacaba del aburrimiento, dormía su pereza, calmaba su gula, el conversar disolvía su ira... además la belleza de aquella amorfa que entraba en escena después de mucho tiempo le encantaba, ella simplemente le deleitaba, mas aun sabiendo la repugnancia que podía llegar a sentir por si misma. El, perverso, se apodera de ella, su energía oscura le envuelve por completo, le acaricia dulcemente, le rodea seductora, la atrapa inclemente... El levanta su mano lento, su sonrisa es tétrica, sus dientes, colmillos que resaltan como un lobo negro corriendo entre la nevada, su brazo se despega de su costado, su palma derecha se posa suave pero sulfurante en la mejilla de su cría, su torso se inclina y su cuello se estira, sus labios en el oído de ella...


Pero como mis ojos no te prestarían atención?...


Soltó la retorica Lucifer como un suspiro, un suspiro que parecía un grito que retumbaba en la cabeza de La Hermosa fémina, la mano del Demonio se desliza pos la mejilla de su creación con dulzura, sus dedos, como desgarrando sus poros, suenan como lijas; casi podría parecer que como si fuese inconsciente, involuntario, El la lastimaba, la marcaba agudamente distrayendo su propia vanidad.

Te extrañe ~~


Susurro melancólico por ultimo El Maligno y entonces erigió de nuevo su torso y su rostro volvió al frente para observarla, un suave beso sobre su mejilla y entonces le sonríe de nuevo, ahora aquella sonrisa solo parece estar hueca...

Pero cuentame! Que pasa ahora eh!? como te ha ido de vacaciones?! que tal esta París?
Que hay con nuestros hermanitos de la superficie!?


Exclamo superfluo e irónico en su emoción El Viejo al mismo tiempo que se daba la media vuelta y daba también la espalda a su Doncella... Alejándose de ella lentamente se llevaba consigo su oscura energía, liberando así el cuerpo de la fémina de aquel abrazo helado en el que la sostenía, mientras, El hacía ademanes con su mano izquierda como indicándole a la demoniaca que hablara...





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